Papeles para enrolar tabaco o marihuana se venden libremente en colmados del Gran Santo Domingo

SANTO DOMINGO.- El tenue sol de la mañana teñía la Ciudad Colonial con ese tono vintage y nostálgico que parece congelar el tiempo. Sentado en un colmado de la añeja zona, disfrutaba de un café, ajeno a que la cotidianidad estaba a punto de romperse en apenas cinco segundos.

Un hombre de aspecto común cruzó el umbral. Su petición fue seca, directa: -Dame cinco papeles de cigarros. – ¿De a diez o de a cinco? -respondió el dependiente con la naturalidad de quien despacha una fría o un paquete de café. -De a diez – contesto el comprador.

Mis ojos, fijos en el colmadero, debieron reflejar un signo de interrogación gigante. Al notar mi desconcierto, el joven detrás del mostrador soltó la verdad sin rodeos: -Esos papeles son para marihuana.

Ese instante lo cambió todo. Para mí, los rolling papers (papelitos de enrolar) eran artículos exclusivos de cigar clubs o tiendas de tabaco refinado. Descubrir que se vendían al detalle en la esquina de un barrio colonial encendió la chispa periodística.

Lo que comenzó como una curiosidad me llevó, como parte de un equipo de investigación de El Nacional, a recorrer decenas de colmados en los sectores más diversos de la capital y la provincia de Santo Domingo.

Una semana después, la hipótesis se convirtió en una certeza alarmante: la venta de estas láminas no solo es una transacción mecánica y cotidiana en el Gran Santo Domingo, sino el disfraz perfecto y el preludio habitual para el consumo de drogas.

No se viola la ley en comprar o vender papeles para marihuana

Comprar o vender papel de liar no viola ninguna ley. Oficialmente, su destino es el tabaco picado; en la práctica, es el accesorio imprescindible para el consumo de marihuana. Este mercado ha florecido al amparo de una permisividad pasmosa.

La presencia de estos papelillos en los mostradores es solo la punta del iceberg de un ecosistema traumático, donde el microtráfico se ha integrado con una normalidad casi cínica en el tejido social. Es una arista más de los «puntos de droga» que proliferan en los barrios ante la mirada impotente de los ciudadanos y la complacencia, indiferencia o complicidad de las autoridades.

“Yo consumía mucha marihuana porque ya estaba acostumbrado, era mi estilo de vida. Yo la compraba en cualquier punto de la esquina, en cualquier lugar. Ellos venden 1 gramo entre 100 y hasta 400 pesos, dependiendo tipos. Hay muchas sintéticas”, explicó el ex consumidor quien pidió reserva de su nombre.