POR CARLOS SALCEDO
Razón, lenguaje y derecho: de Leibniz al giro lingüístico
El derecho moderno descansa sobre dos pilares filosóficos: la razón y el lenguaje. El racionalismo -Descartes, Spinoza, Leibniz- afirmó que el mundo puede comprenderse mediante estructuras racionales. Leibniz incluso imaginó un sistema lógico capaz de resolver controversias mediante cálculo. Sin embargo, el siglo XX mostró que el problema no es solo pensar correctamente, sino hablar y comprender correctamente. Aquí entra la filosofía analítica y la teoría del lenguaje.
Bertrand Russell buscó depurar el lenguaje ordinario mediante el análisis lógico, convencido de que muchos errores filosóficos eran errores de forma lingüística. Wittgenstein, en su segunda etapa, dio un giro decisivo, al considerar que el significado no es una definición estática, sino uso en prácticas sociales concretas. El lenguaje es un conjunto de “juegos” insertos en formas de vida compartidas. Interpretar es participar en ese juego.
Quine desmontó la idea de una separación nítida entre verdades analíticas y empíricas, mostrando que el significado depende de redes holísticas de creencias. Kripke cuestionó el descriptivismo clásico y defendió la rigidez de ciertos designadores, subrayando que la referencia no es un simple producto de definiciones contextuales. Davidson sostuvo que entender un enunciado implica atribuir racionalidad e intencionalidad al hablante. Chomsky, por su parte, distinguió entre la estructura profunda de la gramática y el uso concreto del lenguaje, advirtiendo que generar oraciones gramaticales no equivale a comprenderlas en su contexto social.