POR LUIS M. GUZMAN
El periodismo existe para incomodar al poder, no para servirle de colchón. Sin embargo, una parte creciente del ecosistema mediático ha abandonado esa función. Cuando una noticia amenaza intereses económicos, políticos o institucionales sensibles, no se investiga hasta el fondo. Se gestiona. Se presenta incompleta, desarmada, convertida en ruido. La verdad no se prohíbe, se mantiene bajo custodia.
En la República Dominicana, este fenómeno se ha normalizado. Los grandes temas estructurales —contratos públicos, endeudamiento, concesiones, energía, turismo, seguros— se cubren como hechos aislados, nunca como sistemas de poder. Se informa lo visible, pero se oculta la arquitectura que lo sostiene. El ciudadano cree estar informado cuando, en realidad, ha sido cuidadosamente desorientado.
A esta práctica se le puede llamar zona gris informativa. Se publica sin explicar, se opina sin investigar y se repite sin verificar. La noticia existe, pero su significado se diluye hasta volverse irrelevante. En países pequeños, donde medios, política y negocios conviven estrechamente, esta técnica resulta especialmente útil para preservar equilibrios incómodos que nadie quiere romper abiertamente.
El cuadro se completa cuando, por radio o televisión, aparecen estos personeros a indignarse de forma permanente. Teatralizan supuestas posturas críticas mientras reproducen exactamente la narrativa que dicen cuestionar. No informan, administran percepción. Convierten la manipulación en espectáculo y el ruido constante en sustituto de la verificación y del trabajo periodístico real.
Actores interesados
Muchos de estos comunicadores no son observadores independientes. Son actores interesados. Dependen de partidos, gobiernos, instituciones públicas o empresas privadas. Algunos lo hacen de forma abierta; otros con mayor sutileza. Pero el resultado es el mismo,!jg defienden con vehemencia aquello de lo que dependen. La opinión no es libre; es funcional a intereses concretos.